Desde estas posiciones, a menudo provenientes de la llamada “academia” y de sectores de la izquierda, que nos acusan de explotadoras de animales y de naturaleza a las ganaderas de pastoreo, nunca haya una propuesta realista de modelo de producción alimentaria. Una propuesta para cuidar los suelos agrícolas, cerrar ciclos, garantizar la soberanía alimentaria de los pueblos y aprovechar los recursos de cada territorio, como sí hacemos con nuestro oficio. La peligrosa consecuencia de este discurso es desviar la atención del problema: el modelo agroindustrial. Se está llegando a un punto en que somos capaces de mirar hacia otro lado mientras no veamos un “trozo de cadaver” en el plato.

La exaltación del individuo está ganando la batalla de las ideas

Acepto que en una sociedad donde el neoliberalismo y su exaltación del individuo ha ganado la batalla de las ideas, pedir una visión holística del conjunto es pedir peras al olmo. Pero me parece decepcionante que algunos espacios de la supuesta izquierda, esa que se llena la boca con el bien común, estén adoptando sin pestañear este discurso individualista, precisamente cuando nos encontramos delante de una crisis ambiental sin precedentes que hace urgente una visión sistémica, que ponga las comunidades bióticas en el centro. Porque, cuando tus creencias morales te indican que comer un aguacate de Valparaíso es una contradicción más asumible que la de hacerte una tortilla con los huevos de las gallinas del patio de la vecina, quizás es hora de replantearlas. No vamos a salvar el planeta tal y como lo conocemos si no ampliamos el foco y dejamos de lado esta visión del conjunto como una simple suma de individuos.

Somos seres ecodependientes

En los ecosistemas, la transmisión de energía y materia no se da mediante intercambios comerciales, sino que más bien es un flujo dinámico. Y, ¿qué tiene que ver nuestra especie en estos procesos? Pues bien, cuando hablamos de ecodependencia, hablamos de que somos una especie insertada en la biosfera, dependiente de que el flujo no pare, de que los ecosistemas funcionen.

En esta línea, como ganaderas, reivindicamos que nuestra capacidad moral no nos impida hacer un ejercicio de humildad y aceptar que no somos tan diferentes de otras especies. Situarnos como especie fuera de estos ciclos nos ha llevado donde estamos. La era del petróleo es sólo un pequeño párrafo en nuestra historia, pero este acceso sin precedentes a energía barata nos ha hecho creer que estábamos por encima de todo eso. Comemos petróleo y vestimos petróleo, construimos con petróleo, nos movemos con petróleo. Las buenas y las malas noticias son que esto se acaba. Y la ganadería extensiva tiene un papel fundamental.

“Sí, las ganaderas de pastoreo, cuidamos”

En esta reflexión que os estoy compartiendo, no estoy quitando importancia a la capacidad de sentir de los animales y a la responsabilidad moral que esto conlleva cuando tratamos con ellos. Poner el foco en el conjunto cuando tratamos con la biosfera no significa no respetar ni cuidar a los animales que nos alimentan. Sí, cuidar, con todas las letras, aunque algunas crean que este término tiene copyright. Qué triste pensar que no podemos cuidar todo aquello que nos sustenta.

En el caso de los rumiantes, las ganaderas de pastoreo restamos y cubrimos sus necesidades físicas y etológicas, con el pasto, la vida gregaria y todas las interacciones sociales que esto conlleva, además de cura de enfermedades y accidentes, evitando el estrés… Y sí, matamos. Con todas las letras, también. Tenemos que entender que en la ecosfera, de la que somos parte, los procesos como la depredación, el aprovechamiento de cadáveres o el parasitismo, garantizam que el flujo de materia y enegia no se rompa. Es la muerte lo que da vida. Lo que es bueno para un individuo, es malo para el otro. Hay un conflicto de intereses constante entre ellos, y en este dinamismo, y no en una foto estática, es donde se encuentra el elquilibrio.   

El antiespecismo, para el mundo de las ideas

Aunque en el mundo de las ideas, los argumentos antiespecistas quedan muy bonitos, cuando los bajamos a la realidad tensionan por todas partes. En un ejercicio de sinceridad, las antiespecistas más informadas reconocen que sus ideas muy a menudo chocan con el ecologismo. Aún así, existe una tergiversación de datos constante por su parte cuando usan argumentos ecologistas para justificar su opción moral. Pica, esto sí que pica.

Por todo esto, como ganadera de profesión y hortelana de vicio, sin sombreros ni títulos, con arrugas del sol en la frente, callos del chapo en las manos y tierra bajo las uñas, os confieso que me parece realmente contradictorio que, mientras que una transición hacia la agroecología conllevaría una dieta con mucha menos carne, a la vez que un cambio en nuestra relación con la tierra y con la humanidad, la estrategia sea poner el foco hacia una actividad, la ganadería extensiva, que puede ser una aliada para la conservación de la biodiversidad, la mitigación, la adaptación al cambio climático y para la soberanía alimentaria.

Desde Ramaderes de Catalunya han publicado un artículo más extenso en esta línea que puedes ver publicado en Soberanía Alimentaria en castellano, y en La Directa en catalán. 

 

 

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